El pianista y compositor argentino, radicado en Berlín, fue galardonado en Alemania por la Internationale Rachmaninov-Gesellschaft e.V. Es la primera vez que un argentino obtiene este premio.

por Ro Tierno

La música de Miguel Bareilles contiene conceptos estilísticos complejos y ritmos que denotan su formación y origen latinoamericano: una fusión de tango, folklore y jazz bajo una esencia clásico-romántica. Como es común en los pianistas, comenzó su formación desde muy chico, a la la edad de 7 años junto a la profesora Evi Zwillinger de Giangrante. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música "Carlos López Buchardo" y el Instituto Superior de Música Popular de Buenos Aires. Autor de varias sinfonías, sus composiciones se focalizan sobre todo en la música de cámara. Entre ellas se destacan: Grande Sonate Tanguistique, Toccata Camila, Folkkata, Agua (guitarra y cuarteto de cuerdas), Secretos de Buenos Aires (suite concertante), Casandriana, entre otras.

En 2014 presentó en Argentina una selección de sus obras para piano en el marco del II congreso internacional de piano titulado "El virtuosismo pianístico en los compositores latinoamericanos", que tuvo lugar en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires. Desde allí no ha vuelto a tocar en nuestro país por una negativa constante de los espacios. "Uno va desanimándose un poco. Lo bueno es que esta dinámica posibilita otros canales, te obliga a emprender otras búsquedas en otras latitudes, y así de pronto se abre un camino que a lo mejor ni hubieses imaginado, como fue el caso de China para mí, o ahora mismo es el caso de EE.UU, donde mi música se está tocando en muchas universidades y salas de concierto".

"Argentina es una tierra que sufre su inmadurez. Como escribiera Frantz Fanon: 'Los colonizados, en su inmensa mayoría, quieren la finca del colono. No se trata de entrar en competencia con él. Quieren su lugar.' Y lamentablemente nuestra burguesía, intelectual y culturalmente alienada, persiste en esa psicología del colonizado. Entonces el lugar que le queda a la cultura es más bien decorativo, sobre todo cuando hablamos de cultura "académica", que es como se define la música que yo actualmente hago."

Recientemente, en enero de este año, el ensamble The Fourth Wall estrenó su obra Milonguella en el Conservatorio de Boston, como parte de su serie de artistas contemporáneos, y en Le Poisson Rouge (Nueva York), en el marco del concierto-conferencia de música de cámara americana.

Fue galardonado en la II. Internationaler Rachmaninov-Kompositionswettbewerb (2015-2016), que organiza la Internationale Rachmaninov-Gesellschaft e.V., Deutschland, por sus obras Melancholie Prelude 2 y Melancholie Prelude 1, que obtuvieron el primer y tercer premio respectivamente en las categorías B (dificultad técnica medio-avanzada) y C (dificultad técnica avanzada). Compitió con las obras de treinta y dos compositores de trece países, siendo la primera vez que un argentino obtiene este reconocimiento. Las obras premiadas se establecerán como piezas obligatorias en el programa de la próxima edición del V Concurso de Piano "Rachmaninov" para Jóvenes Pianistas.

 

¿Qué particularidades encontrás como compositor y autor de música contemporánea latinoamericana?

Siempre digo que no se puede hablar de la música contemporánea latinoamericana como un todo, como una comunidad, puesto que estamos hablando de cientos de comunidades diversas. Así todo, si hay algo que nos define como latinoamericanos, es que todos los pueblos hemos sufrido la penetración cultural desde las colonias, primero con la música europea, luego el jazz y el bues, el rock, y en los últimos tiempos una ola indescriptible de implantación cultural escudada en la llamada globalización. Pero incluso antes de todo esto ya habían existido flujos que nos habían modificado y redefinido. Por tanto, "la búsqueda de identidad" no es un ejercicio sencillo; somos todo eso, somos aquellos rasgos tradicionales precoloniales que ningún invasor supo apreciar, y somos Bach y Shostakovich, a la vez que Bill Evans, los Beatles, Gardel y los pibes chorros.

De cualquier forma, hay singularidades que a lo largo de nuestra historia se han ido afirmando, a veces exagerando, otras veces negando, pero que en todo caso nos diferencian de las demás culturas. En nuestra música mestiza (tango y folklore), esas particularidades –más allá de las caricaturas- asoman en la emancipación de las melodías respecto del ritmo, en el fraseo. Sin mencionar el contenido literario. Y hay importantes elementos, como la polirritmia o el pentatonismo, que luego tomarían compositores como Ginastera, para desarrollar un lenguaje totalmente nuevo, asociando aquellos elementos aparentemente folklóricos a la tímbrica orquestal y las texturas armónicas europeas.
Pero no habría que olvidar que la música es ante todo un medio de expresión y comunicación, y como tal, está en permanente pugna con los intereses que sostienen al capitalismo. Hablar de identidad cuando se es víctima de atropellos a los derechos humanos, a las garantías constitucionales, al patrimonio de los recursos naturales, etc., es un acto ficticio si antes no hablamos de conciencia de clase.

Actualmente, ¿De dónde parte la innovación de la composición?

Supongo que de los preceptos mismos de la noción en sí. El hecho compositivo es esencialmente un acto de búsqueda, una exploración continua de los terrenos que uno habita y conoce, donde el desafío natural es ensanchar los límites. Es decir, la innovación es evidentemente un elemento intrínseco al hecho compositivo. Aún en los casos en que se trate de meras copias (estilísticas, temáticas o argumentativas), siempre habrá algo de innovación, puesto que la singularidad deriva del acto creativo. Ahora bien, cuando la innovación se convierte en finalidad, y sobreviene la idea de vanguardia, y surgen los movimientos e ismos que tienden a sistematizar la música desde normas y fórmulas, entonces la innovación ya no parte del hecho compositivo, sino al revés, y ahí, creo, nos hallamos frente a un precipicio.

La difusión de tu música está muy asociada a la producción audiovisual. ¿Qué crees que aporta esta fusión a tu trabajo musical?

Es que no es sólo la difusión. En mi caso la música llegó después que la pintura. Las primeras manifestaciones artísticas que me conmovieron fueron las imágenes creadas a través del color, fundamentalmente el óleo. La maravilla que se vive detrás de un pincel al conquistar una imagen, ya sea reproductiva o imaginaria, es una invitación a participar de la belleza. Entonces llegó la música, que también eran colores aunque más dúctiles, y menos rígidos, y además no imposibilitaba el uso de las formas, de las imágenes y aún de las palabras. Sé que puede parecer un lugar común, pero mi música parte de imágenes, de recuerdos. Me siento a componer y en verdad es como si todo lo estuviese recordando. Tengo mis métodos, no los niego, pero por sobre todo método, tengo la libertad de dejarme llevar por las imágenes que van brotando, insisto, como en un dejavú. La música no implica solamente el sentido auditivo; de hecho creo que los implica a todos.


 

www.miguelbareilles.com

Todos los derechos reservados

 Copyright © 2013 - El Pasajero

Un viaje por la cultura 

Diseñado por

ICE- Imagen y Comunicación Estratégica

Scroll to top